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Paternidad en adolescentes pobres

Actuar como hombre

piernas de hombre junto a piernas de niño chico
Fecha: 09/08/2017
Autor: MIDES
Fotografía: Archivo MIDES

Mónica De Martino es socióloga, docente grado 5 e investigador de la Universidad de la República (UdelaR) perteneciente a la licenciatura de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales. Una de sus especialidades en el ámbito académico ha sido el trabajo en el área de Infancia y Familia. En la sede central del MIDES se presentaron las conclusiones de la investigación: "Visibilizando la paternidad adolescente", para los trabajadores y trabajadoras del MIDES. Con ella hablamos acerca de este estudio, que muestra una mirada sobre la paternidad adolescente en contextos de pobreza.

¿Cuál es el objetivo del estudio sobre paternidades adolescentes en contextos de pobreza?

A nosotros nos interesaba el tema de la paternidad de los adolescentes pobres. En primer lugar porque justamente están excluidos por ser pobres. Pero además porque el embarazo en la adolescencia siempre ha sido visto como un fenómeno de la adolescente mamá o de la familia de la mamá. El papá adolescente siempre ha sido dejado de lado.
Muchos no quieren asumir su responsabilidad, es cierto. Pero en líneas generales, ese padre es considerado como "hijo de", mientras que la adolescente embarazada ya pasa a ser "madre". En el caso del varón, su opinión no tiene el peso ni la magnitud de la palabra de un futuro padre y eso es otro motivo de exclusión.
Tampoco para muchas instituciones públicas o programas estatales -no solo acá, en todos los países del mundo- ese padre adolescente tiene lugar. No tenía lugar para la hora de la consulta pediátrica, ni a la hora del parto ni un lugar para opinar de la familia. Eso por suerte está cambiando.

¿Cómo se hizo la investigación?

Nos interesó investigar este tema para que, de los estudios realizados, resultaran una serie de conclusiones -no finales pero sí “ideas fuerza”- para empezar a pensar en conjunto con las instituciones públicas y ONG que nos acompañaron. Estas fueron: MIDES -a través del programa Cercanías y Jóvenes en Red- y las ONG Aldeas Infantiles y Vida y Educación.

Entrevistamos aproximadamente a 15 varones padres y a 5 mamás adolescentes. Son pocas entrevistas pero el tema no es que sea una muestra o un censo de toda la población. La idea era hacer historias de vida de un grupo de adolescentes de distintos barrios muy pobres, para rescatar algunas ideas potentes y ponerlas en diálogo con las instituciones y programas sociales.

¿Qué ideas fuerza arrojó el estudio?

En primer lugar, esta paternidad adolescente se vive con mucha soledad y con mucho sufrimiento, más allá de que estén acompañados por la familia biológica. Es que se les exige ser adultos, cuando en verdad son adolescentes. Entonces, lo que hay que pedirles es que sean adolescentes lo más feliz que pueda y que asuma el cuidado de su niño o niña. No se le puede pedir actitudes, responsabilidades y opiniones de adulto.

Varias de estas ideas sobre el embarazo adolescente, incluso por parte de programas y políticas públicas sobre el tema tienen un pensamiento paradójico. Plantean: “si sos padre en la adolescencia, te tenés que comportar como un adulto”. Imposible, porque es un adolescente. No le podemos pedir que se comporte como un adulto. Tenemos que esperar que se comporte como un adolescente. Eso es lo lógico.

Pero además, se pide que el padre sea proveedor. Es imposible y más en la pobreza. Debe entonces acceder a un empleo debidamente remunerado -que es un derecho-, como para poder mantener a su hijo y a su pareja. Esto es otra paradoja, otro pensamiento irracional y dicotómico. “Tenés que trabajar para mantener a tu familia”, pero sabemos que no va a conseguir trabajo y que si lo consigue va a ganar insuficiente para cumplir el mandato.

Por otro lado hay “imposturas”. Técnicamente son construcciones discursivas sobre la paternidad y maternidad adolescente, que impactan en las subjetividades de estos muchachos y muchachas. Si yo le digo a una adolescente que acaba de ser madre, “te tenés que hacer cargo de tu hijo y cuidarlo porque sos madre”, le estoy diciendo que la única forma de ser mujer es ser mamá y ser cuidadora viviendo en el espacio doméstico. Y si yo le digo al papá, “ahora que tuviste un hijo en la adolescencia andá a mantenerlo porque sos el padre”, le estoy diciendo subjetivamente que padre solo se es trabajando en la esfera pública y manteniendo a sus hijos. Si no lo pueden hacer, eso provoca el sufrimiento y la insatisfacción en los adolescentes.

La impostura es dar una o dos formas de entender lo que es ser mujer o lo que es ser hombre. Eso es lo que genera frustración y eso fue lo que encontramos en nuestras entrevistas. Ellos no pueden cubrir los gastos y sufren. Lo mismo que las adolescentes que se dedican al cuidado y a estar en lo doméstico, pero también piensan "si yo hubiera estudiado" o "si yo hubiera trabajado".

¿Ese mandato de donde parte?

De la familia, de las instituciones, de los técnicos... Es un mandato cultural asociado a lo que es el patriarcado. Nuestro eje central fue analizar a estos padres jóvenes y encontramos en estos adolescentes varones, masculinidades muy conservadoras. Su vida pasa por la familia, el tener hijos y que la mujer se quede en la casa. Él trabaja y ella cuida.
Una de las frases de las entrevistas que marca la pauta la dice una muchacha: "no me deja de faltar nada... Y no roba". Esta frase es tristísima, porque da la pauta que esa mujer ya no va a tener más aspiraciones como mujer -en términos de estudio o trabajo- y que tampoco va a tener aspiraciones como habitante de un barrio. No te imaginas a estas parejas de adolescentes movilizados por ningún interés político-comunitario.

Dejan de ser ciudadanos...

¡Es que no lo son! Esa es otra paradoja. No sé si se puede considerar ciudadano a alguien que tiene tantas necesidades y derechos sin satisfacer. Basta pensar en una pareja con tres hijos viviendo en una habitación de tres metros por dos.

Pero volviendo al tema de la forma de pensar de estos muchachos. ¿Esto parte de la familia?

Si. En términos de relaciones de género son generaciones muy conservadoras. Pero porque sus padres, que tienen 40 o 50 años y también son jóvenes, también son conservadores. El mandato es que la hija, una vez que tuvo un hijo, se quede a cuidarlo mientras que el yerno debe salir a trabajar. Le ponen obstáculos a que sus hijas estudien o trabajen siendo madres. Entonces lo preocupante de este Uruguay, que asoma como una puntita de iceberg en esta temática, es que hay un gran conservadurismo en términos de relaciones de género.

Por otro lado es una situación muy especial para pensarla desde las políticas sociales: los padres adolescentes son menores de edad, los rige la Convención Internacional de los Derechos del Niño y el nuevo Código de la Niñez y la Adolescencia. Y el bebito o la bebita que nació, también. Entonces es una familia, que dure lo que dure en ese momento forman una familia, donde los tres miembros tienen el mismo derecho y los defiende el mismo juzgado -por decirlo de alguna manera-. 
Y la política social tiene que defender, cuidar y otorgar derechos a esos tres integrantes. Porque los tres son niños, niñas o adolescentes. Adolescentes padres que tienen un bebé o un niño de pocos años. Creo que eso no está muy visible. Entonces en general se parte de la base de que es un problema y un pasaje a la vida adulta ser padre. ¡No, no es así! Es un padre que tiene 16, 17 o 14 años. No es un padre adulto.

Y otra cosa que vimos en las entrevistas es que los hijos que tienen son medianamente planificados, pensados. Son hijos queridos; no son "errores". No se escucha que digan "metí la pata", como dicen con otras cuestiones de sus vidas. En general nacen de relaciones de noviazgo y amor. Como todo adolescente, te dicen "estoy re enamorado" y a los pocos meses el amor se acabó. Pero están en ese momento en una relación que para ellos es formalmente una relación de noviazgo. Tendrán otras relaciones de "aventuras", pero esa es la relación "seria".

Ustedes trabajaron con el MIDES. ¿Cómo fue este intercambio?

Nuestra participación con el MIDES, en la presentación de nuestro trabajo para el personal técnico del ministerio, es una devolución e intercambio del producto de la investigación. En lo personal pienso que la producción de conocimiento tiene que socializarse. Siempre que realizo una investigación de este estilo, trato de hacerlo en conjunto con INAU, MIDES y las ONG Aldeas Infantiles y Vida y Educación. Obviamente que con el ministerio estamos a disposición desde el Equipo de Investigación en el Área de Infancia y Familia del Departamento de Trabajo Social. Tanto con las autoridades como con los trabajadores de campo para continuar discutiendo esta u otras temáticas.

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