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ESTUDIO, DESEMPLEO, PROBLEMAS PARA ACCEDER A LA VIVIENDA Y DESERCIÓN ESTUDIANTIL SON ALGUNOS PUNTOS PREOCUPANTES

La dificultad de ser joven y uruguayo

Fecha: 06/08/2010
Autor: La República

El INJU presentó ayer el trabajo "Juventudes en Uruguay - En qué andamos y cómo somos", una investigación que disecciona a los habitantes de nuestro país de entre 14 y 29 años. Según el informe el 22% se halla debajo de la línea de pobreza, además, el 17,9% no estudia ni trabaja.

Presentaron ayer el estudio "Juventudes en Uruguay - En qué andamos y cómo somos", trabajo efectuado por el INJU con apoyo del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) que brinda un exhaustivo panorama sobre los uruguayos de 14 a 29 años.

Trabajar y estudiar
Según el informe, en el año 2008, el 22% de los jóvenes estaba por debajo de la línea de pobreza, lo que significa que se hallaban casi dos puntos sobre el promedio de la población total.

Si bien estos números son inquietantes se ha producido un descenso en comparación con 2007, cuando el porcentaje llegó al 27,2%, y con 2006, cuando alcanzaba el 29,3%.

El 1,7% de la población de 15 a 29 años estaba bajo la línea de indigencia, un 0,6% menos que en los años 2006 y 2007. El rango de edad más afectado en ambos ítems es el de 15 a 19 años, en el que llega al 2,3% en el caso de la indigencia y al 26,7% en el de la pobreza.

Los datos recabados en 2009 indican que el 17,9% de los jóvenes y adolescentes no estudia ni trabaja lo que, como indica el estudio, compromete sus proyectos de vida.

Un 40,4% de esta población está inserta en el ámbito laboral pero, en contrapartida, ha abandonado los estudios, lo que afecta a la calidad de los empleos a los que puede acceder.

Asimismo, el 12,8% de la población investigada estudia y trabaja, lo que puede incidir en la posibilidad de finalización de los cursos curriculares. Finalmente, el 29% de los jóvenes estudia y no trabaja, porcentaje que va disminuyendo a medida que aumenta la edad.

En lo que remite a la educación, el trabajo destaca que nuestro país tiene una cobertura prácticamente universal a nivel de primaria, pero el escenario se torna menos halagüeño en la enseñanza secundaria ya que casi el 30% de la población urbana total no termina el Ciclo Básico y el 36,5% de los jóvenes de entre 20 a 29 años completó el liceo (sólo el 25,6% lo hizo sin rezago). Sobre las tasas de deserción el informe resalta que los niveles más elevados se inician entre los 13 y los 14 años y se incrementan con la edad.

Los momentos en los que se hace efectiva la desvinculación con el sistema educativo ocurren principalmente en el primer y cuarto año de la enseñanza media.

La tasa bruta de asistencia al Ciclo Básico de Secundaria se mantiene estable, pero la del Segundo Ciclo ha disminuido su crecimiento tras presentar un incremento importante entre 2001 y 2003.

El panorama en el nivel terciario muestra que entre 2000 y 2008 la matriculación total creció un 30%. La Universidad de la República (Udelar) recibe al 73% de los jóvenes que acceden al subsistema terciario, seguida por la formación docente con un 18% y de las universidades privadas con un 13%.

Salir del nido
El trabajo presentado ayer hace hincapié en que los jóvenes postergan su emancipación y la asunción de roles adultos ligados a la dinámica familiar, lo que está fuertemente asociado con el mundo del trabajo.

Al respecto, uno de los datos más significativos es que, si bien los principales indicadores del mercado laboral han mejorado (actividad, empleo, desempleo, formalización, etcétera), la tasa de desempleo entre los jóvenes es muy superior a la del promedio de la población.

Tanto es así que, en 2009, mientras el porcentaje global de personas sin trabajo era de 7,7%, la cifra para los jóvenes de 20 a 24 años fue de 17,2%, y para los de 25 a 29 años de 9,2%. A ello hay que agregar que los niveles de precariedad, subempleo e informalidad son más elevados en los jóvenes que en el resto de la población con edad para trabajar.

La variable de género incide en el tema de desempleo y afecta particularmente al femenino. A modo de ejemplo, el informe consigna que, en 2009, la tasa de desempleo de las mujeres jóvenes era más de diez puntos porcentuales más elevada que la de la población general, mientras que la de los varones jóvenes la superaba en más de seis puntos porcentuales.

De las diversas formas de acceso a la vivienda, entre los jóvenes, la propiedad sólo alcanza el 15,8%, mientras que en los hogares con jefatura mayor a 30 años llega al 57,5%. Por su parte, la modalidad de alquiler ascendía al 40% en los jóvenes y al 15% en las personas de más de 30 años.

Las dificultades de conseguir vivienda están vinculadas, en los jóvenes de menores ingresos, con la ocupación precaria territorial como modo de remediar la necesidad habitacional, lo que se traduce en que, en los asentamientos irregulares, la jefatura menor a 30 años duplica a la mayor de 30.

Además, el 28,8% de los jóvenes ocupa el lugar en el que vive y el 9,1% es propietario de la vivienda pero no del terreno.

Los números relativos al hacinamiento también tienen como protagonistas a los jóvenes, ya que se da en uno de cada cuatro hogares con jefatura menor a las tres décadas de vida (en la población total la relación es de uno de cada diez).

La salud
En lo que tiene que ver con la salud de los jóvenes, el documento informa que las principales amenazas son externas, es decir, las relacionadas a acontecimientos ambientales y situaciones que generan traumatismos, envenenamientos y otros efectos negativos.

En contrapartida, la morbimortalidad por enfermedades es baja. Entre las causas de muerte en menores de 30 años, los accidentes de tránsito continúan siendo la más frecuente.

El trabajo advierte sobre la incidencia que están teniendo las infecciones de transmisión sexual. A nivel global, el VIH-sida se concentra entre los 15 y 34 años, con un claro predominio del contagio a través de la vía sexual (57% de los casos) seguido por el intercambio de materiales usados en el consumo de drogas (39%).

En el ítem Salud Mental, la investigación deja constancia que nuestro país tiene las cifras más altas de suicidio juvenil de América Latina. La autoeliminación fue, en 2007, la causa del 18% de los fallecimientos en el rango de edades comprendido entre los 15 y 18 años, y del 20% entre los 20 a 24 años.

Por otra parte, según la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud de 2008, el 11,3% de los jóvenes consultados se sintió tan triste o desesperado durante dos o más semanas, que abandonó sus actividades habituales. Sólo el 23% de quienes dieron esa respuesta acudió al psicólogo o al psiquiatra.

Uruguay posee la prevalencia de consumo de alcohol más elevada de la región entre estudiantes en el último año, con un 69,24%. Dentro de las drogas ilegales, la más utilizada en exclusividad es la marihuana (67,3% de los casos). El resto de las sustancias sumadas sólo alcanza al 7,5% y llegan al 25,2% cuando están acompañadas por el uso de cannabis.

Por último, la investigación revela que el 55,2% de los jóvenes no practica ni actividades físicas ni deportes. El porcentaje se muestra aún más negativo en el caso de las mujeres, ya que solamente el 26,7% afirmó que hacía ejercicio.

Entre las razones aducidas para no realizar deportes, la más invocada fue la falta de tiempo (44,7%), seguida por la falta de interés o gusto (37, 3%).

 

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